ABOGADOS EXPRÉS
- Palemón Alamilla

- hace 17 horas
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En el artículo próximo anterior, me referí al libro Lecciones de Derecho informático, que gentil me obsequió el doctor Alberto Nava Garcés, en el que participó con el tema Derecho penal y procesal penal informáticos. De esa brillante participación, es de impacto su apreciación… “…expusieron -al Derecho- con su respuesta tardía…, …ante los pasos agigantados que daba la tecnología...”. < Qué paradoja >. Esta semana, en Facebook, apareció una publicidad en la que ofrecen cursar la licenciatura en Derecho en SIETE MESES.
Al pedir informes, vía telefónica, corroboraron la oferta y, los muy raquíticos siete meses (para cursar la licenciatura en Derecho), ‘adelgazaron’… pues las clases solo serán los sábados. Además, los dos primeros meses, son presenciales, los restantes… en línea. Al término, el alumno, realizará el servicio social de seis meses y recibirá sus documentos oficiales, para sus trámites de titulación.
Nos asombramos. Mi colega dijo, “Increíble”, y acotó -respecto de los tiempos previos a esa licenciatura-, por los años a cursar: “dos de maternal, tres de preescolar, seis de primaria, tres de secundaria, tres de preparatoria y… …solo siete meses de licenciatura”. Abundé, tardará más, el trámite de un juicio ordinario civil (solo por citar una gestión), que los estudios del abogado. ¡Uf!
En la publicidad aparece el logotipo de la Secretaría de Educación Pública, con el escudo nacional y la leyenda “VALIDEZ ANTE”; luego, se trata de una autorización oficial y, entonces, para la institución que la ofrece -existe un soporte-, que es motivo de respeto para quien esto escribe; sin que, el asombro, que nos causa, carezca de sentido por varios motivos.
La complejidad de las diversas materias, que no pueden ser ‘vistas’ en forma… …casi superficial. Para quien esto escribe, los estudios de licenciatura fueron de cinco años, con clases presenciales -diarias- de lunes a viernes y, por excepción, algún sábado (con los correspondientes periodos vacacionales); además de que, desde el quinto semestre y hasta terminar la carrera, trabajé en áreas afines a mis estudios; primero, en juzgados penales del Tribunal Superior de Justicia, del entonces Distrito Federal, como mecanógrafo; después, en Inspección Federal del Trabajo. Al concluir, debí asumir, que debía esforzarme, para ser un abogado con solvencia profesional.
Si bien, en los pasillos de algunas notarías públicas…; en las inmediaciones de los registros públicos…; a las afueras de los juzgados…, entre otros lugares, hay gestores que, como decimos en forma coloquial, “se las saben, de todas, todas”, esas oportunidades, fueron dirigidas a quienes solo les falta el título. Para eso crearon las licenciaturas de tres años; incluso, en modalidad abierta, para respaldar esa práctica (con solvencia), con una cédula profesional.
Lo anterior es entendible y muy justificable: empero, insisto e inquiero, en verdad, para el conocimiento histórico, dogmático – jurídico y demás, respecto del Derecho constitucional, civil, penal, mercantil, familiar, fiscal, (ni se diga del amparo), etcétera, ¿son suficientes siete meses?
Reitero mi respeto para todas las personas e instituciones. No atento en contra de quien quiera abrirse paso en la vida; antes bien, lo celebro… …sin perder de vista la responsabilidad para hacerlo. Quede claro, lo aquí expuesto, enfatiza la relevancia de la función del abogado.
Porque en forma por demás lamentable, en algunas instituciones que forman abogados, sus profesores no los sensibilizan de la trascendencia de ello y, en la práctica y por ejemplo, aceptan ‘asesorar’ a quienes son demandados, en la vía ejecutiva mercantil y, en vez de recomendarles pagar (cuando es el camino más corto a la solución del problema), les dicen que ellos los defenderán y, con lo que les cobran, solo resuelven sus problemas… …los abogados. Al final (y sin solución), un agiotista y un ‘abogado’, acaban con el patrimonio de una familia.
En los países desarrollados, además del plan de estudios y los trámites propios de la obtención del título, el abogado que egresó, debe acudir a realizar la práctica, en una ‘firma’ de abogados, y, hasta que -ahí- lo estimen apto para ejercer… …es que puede asumir responsabilidad profesional. Eso, no ocurriría, en siete meses de estudio y seis meses de servicio social.
Traslademos esos tiempos, si usted me permite, a la salud. ¿Llevaría a sus padres, a sus hijos… -con un cardiólogo, un oftalmólogo, un pediatra, etcétera- que obtuvo su título en siete meses de clases (los sábados) y seis meses de práctica en hospitales?
Esos estudios, tan breves…, ¿… por lo irrelevante -que les parece- la actividad jurídica en México?, ¿ese es el valor que le dan?, y, a esas temporalidades, sumar la forma de elegir jueces, que < no puede ser por sorteo >. Así, como es vital la salud, no debiéramos dejar la seguridad (más efectiva), que otorgan licenciaturas de cinco años, maestrías de dos años y, pugnar, por establecer el respaldo de la ‘firma’ de abogados, previo a la práctica profesional y el servicio de carrera.
De las licenciaturas de cinco años…, siguieron las de tres años y, ahora, ¿solo siete meses? Ah, eso sí, lo que no baja (creo que, en comparación de tiempo / costo…, suben), son los pagos. En la información que solicitamos, vía telefónica, nos dijeron que, incluido el costo de la titulación, el estudiante de esa licenciatura pagará, aproximadamente -en un año-, sesenta mil pesos.
Las autoridades de educación debieran realizar exhaustiva revisión de lo que validan; los directivos de las instituciones, que forman abogados, una evaluación con responsabilidad social, y, las barras y colegios de abogados, su intervención acorde a -órganos colegiados- por juristas.
Solo citaré dos datos: 1. La tecnología rebasó al Derecho (expuso el admirado doctor Nava). 2. El sistema penal acusatorio, ya tropezó dos veces en México. Y, …la solución…, ¿abogados exprés?





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