QUE NO SE VEA… MEJOR, QUE SE SIENTA
- Palemón Alamilla

- hace 12 minutos
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Hace unos días surgió otra efervescencia, por las ‘reglas’ que pretenden establecer, en publicaciones de los medios de comunicación. Las respuestas no se hicieron esperar, que < no solo > por la oposición, porque hay algo que, creo, debieran entender: no todos los que disentimos -en algo- pertenecemos a algún partido político, distinto, a los que están en el poder. Tenemos derecho, de reservarnos filiaciones, por diversas razones.
Después apareció la publicación de la llamada “consulta pública sobre lineamientos de derechos de las audiencias”, que concluirá el 21 de agosto del año en curso y de la que, pocos (por no decir nadie), conocen. Los no acordes, insistieron en que -eso- no es otra cosa, que el camino a una “ley censura”, como ocurre en los países < sin > libertad de expresión; lo que, desde el gobierno, negaron una y otra vez. El tiempo dará la razón a unos -o- a otros.
Respecto de lo anterior, es indispensable acudir al sustento legal. El artículo 6 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece:
“Artículo 6o. La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.”
La última Reforma, a ese párrafo, el 11 de junio del 2013. Además, imposible no referir al artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que, en su fracción primera dispone: “I. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole…”.
¿Qué pasa con los servidores públicos de todos los niveles?, para la respuesta, citaré a Campoamor: “todo es del color de cristal con que se mira”; porque, cada uno pretende legitimar lo que hace, en su forma, con su estilo y… -desde luego- sin posturas en contra, que, molestan y, muchos, no toleran. Por la actividad pública que realicé, citaré tres acontecimientos, que narré en mi libro Por la puerta de enfrente. Relatos de un agente del Ministerio Público:
Primero. En los años 1987 y siguientes, existió una actividad a cargo del área de Prevención del Delito -de la entonces PGR-, que denominaron: “Comparecencia del Ministerio Público Federal y la Policía Judicial, ante su comunidad” en la que, quienes desempeñábamos esas tareas, debíamos acudir -en forma periódica- a un lugar público, para responder a la ciudadanía y a los medios de comunicación, por nuestro actuar, sin limitación alguna.
Segundo. Cuando estuve al frente de la delegación de la entonces PGR en Aguascalientes (1999 – 2000), el director de un medio de comunicación decía, en sus editoriales, después de citar mi nombre: “así se llama este buey”, y otras ofensas. Por los cauces institucionales, pedí la intervención del director general de Comunicación Social de la institución, para una moción de orden y, la respuesta contundente, fue: “respetemos la libertad de expresión, que nuestras acciones, como servidores públicos, superen eso y más”; lo que, pareció un reto… -cumplido-, por la felicitación que, por escrito, nos envió el entonces procurador general de la República (a todos mis excompañeros), por acabar con el rezago histórico, entre otros logros.
Tercero. Al inicio de mi actividad, al frente de la institución del Ministerio Público en Baja California Sur (2015), y respecto de los medios de comunicación dije enfático: …de mí, pueden decir lo que quieran, sé lo que estoy haciendo. A la insistencia de buscar cercanía, para que apareciera una ‘buena nota’, expuse: …no hace falta, el ciudadano de a pie, ya no quiere ver el rostro…, en los medios, todos los días… uno de mis grandes objetivos -no es que se vea, mejor, que se sienta- que hay procuraduría.
Por esos antecedentes, atento pregunto, ¿que no… (por la trasformación [disque la cuarta]), tendrían que ser los servidores públicos < de hoy >, más claros, trasparentes, receptivos y aceptar -todo tipo de interrogantes- de parte de los gobernados. Ah, y en forma directa, o, en los medios de comunicación, para preguntar, con relación a la preocupante seguridad pública; al alarmante robo de combustible; a las angustiantes desapariciones de personas, etcétera, etc.
De esas actividades que narré, otras preguntas: ¿las comparecencias?, ¿evolucionaron?, o, para decirlo (en el léxico actual), ¿cómo es que se trasformaron? Porque, si -antes- dábamos la cara -en público-, a causa de los ‘lineamientos de derechos de las audiencias’ de referencia, ahora… …remoto pensar en comparecer; imposible… …que -las acciones de los servidores públicos- superen las críticas; o, solo es que se ‘vean’ ellos y sus escenarios elegidos, aunque no se ‘sienta’… que hay seguridad, salud, buena economía, etcétera.
Ah, y dicen que, después de regular los medios, irán por las redes sociales (las que fueron benditas en tanto así convino), para que -nuestras exposiciones- en letras o imágenes, sean acordes con lo que nos permitirán decir. De ser así, lo que aconteció hace años, estará superado y, el gobernado, solo podrá referirse a los servidores públicos… ¿…con parámetros de obediencia? En la grandeza de México, que ofrecieron, tenemos que estar… ¿adoctrinados?
Eso no fue lo que < las nuevas generaciones > aprendieron en sus hogares y en el día a día. En la evolución…, ganamos terreno a los tiempos que se fueron; los que tanto criticó el presidente López Obrador, en esos ejercicios ‘periodísticos’ matutinos, en los que ironizaba con aquella pregunta: “¿qué horas son?” y, enseguida, daba la respuesta: “la hora que usted diga señor”.
A futuro…, otra vez, ¿solo responder la hora?, o ¿publicar, lo que quieren que se ‘vea’…, …aunque, no se sienta?





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